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Cómo ahorrar energía en casa: pequeños gestos para cuidar tu factura, tu vivienda y el planeta

FECHA DE PUBLICACIÓN: 04 MAY. 2026
TIEMPO DE LECTURA:  3 minutos
La geopolítica también entra en casa. Aunque a veces parezca algo lejano, el contexto internacional influye en la energía que consumimos cada día: en el precio de la luz y el gas, en la seguridad del suministro, en la factura mensual y también en la forma en la que cuidamos nuestro hogar.

En los últimos años, Europa ha reforzado su mensaje: reducir la dependencia energética, impulsar la eficiencia y ayudar a los hogares a tomar mejores decisiones de consumo. La Comisión Europea ha situado la protección de los consumidores, el ahorro energético, el autoconsumo y las comunidades energéticas entre sus prioridades para aliviar el coste de la energía en los hogares.  

Y es que ahorrar energía no significa vivir peor. Al contrario: muchas veces significa vivir mejor, con más confort, menos gasto y una casa más preparada para el futuro.

Por qué ahorrar energía en casa es más importante que nunca

La energía que usamos en casa está conectada con mucho más que nuestra factura. Calentar una vivienda, refrigerarla, iluminarla, cocinar o utilizar electrodomésticos son gestos cotidianos que, sumados, tienen un impacto directo en el consumo energético de los hogares.

Según el Parlamento Europeo, los edificios representan alrededor del 40% del consumo de energía en la UE y el 36% de las emisiones de gases de efecto invernadero. Además, la calefacción, la refrigeración y el agua caliente sanitaria concentran una parte muy relevante del consumo energético doméstico.  

Por eso, cuando hablamos de ahorrar energía en casa, no hablamos solo de apagar luces. Hablamos de mejorar la eficiencia de la vivienda, revisar hábitos, reducir pérdidas de calor o frío y tomar decisiones que ayuden a que nuestro hogar consuma menos sin renunciar al bienestar.

1. Revisa la temperatura: cada grado cuenta

La calefacción y la climatización son dos de los grandes focos de consumo en casa. Ajustar la temperatura puede parecer un gesto pequeño, pero tiene un impacto importante. En invierno, conviene mantener una temperatura confortable pero eficiente, evitando sobrecalentar la vivienda. En verano, lo recomendable es no abusar del aire acondicionado y acompañarlo de otros gestos, como ventilar en las horas más frescas o bajar persianas en las horas de más calor.

El IDAE recomienda instalar válvulas termostáticas en radiadores o termostatos programables, soluciones que pueden ayudar a ahorrar entre un 8% y un 13% de energía.  

2. Evita fugas de energía en ventanas, puertas y persianas

Una vivienda que pierde calor en invierno o deja entrar demasiado calor en verano necesita consumir más energía para mantener una temperatura agradable.
Algunos gestos sencillos pueden ayudar:
  • Cerrar persianas y cortinas por la noche en invierno.
  • Ventilar durante pocos minutos, evitando dejar ventanas abiertas durante demasiado tiempo.
  • Revisar burletes en puertas y ventanas.
  • Evitar tapar radiadores con muebles, ropa o cortinas.
  • Utilizar toldos, persianas o estores para reducir la entrada directa de sol en verano.
No se trata solo de ahorrar. También de ganar confort dentro de casa.

3. Usa mejor tus electrodomésticos

Los electrodomésticos forman parte del día a día, pero también pueden ser grandes consumidores de energía si no se utilizan de forma eficiente.
Algunas recomendaciones útiles:
  • Utiliza programas eco en lavadora y lavavajillas.
  • Evita poner electrodomésticos a media carga.
  • Regula bien la temperatura del frigorífico.
  • No introduzcas comida caliente en la nevera.
  • Desconecta dispositivos que no estés utilizando.
  • Sustituye bombillas antiguas por iluminación LED.
  • Cuando llegue el momento de renovar un electrodoméstico, conviene revisar su etiqueta energética. A veces, elegir un equipo más eficiente supone un mayor ahorro a largo plazo.

4. Mira tu factura energética con otros ojos

Ahorrar energía también empieza por entender mejor lo que pagamos. Revisar la potencia contratada, los hábitos de consumo y las franjas horarias puede ayudar a detectar oportunidades de ahorro.

La Comisión Europea ha insistido recientemente en la importancia de que los consumidores puedan gestionar mejor sus contratos de suministro y tomar decisiones informadas en un contexto de costes energéticos elevados.  
  • Una buena práctica es revisar periódicamente:
  • Si la potencia contratada se ajusta realmente a tus necesidades.
  • En qué momentos del día consumes más energía.
  • Si tu tarifa sigue siendo adecuada para tus hábitos.
  • Si puedes desplazar algunos consumos a horarios más económicos.

5. Piensa en la eficiencia de tu vivienda, no solo en tus hábitos

Los hábitos ayudan, pero la vivienda también importa. Una casa mal aislada siempre necesitará más energía para mantener una temperatura confortable. Por eso, las mejoras de eficiencia energética son una de las grandes palancas para reducir el consumo: aislamiento térmico, cambio de ventanas, mejora de sistemas de calefacción, instalación de energías renovables o rehabilitación energética de edificios.

La Unión Europea ha señalado que la baja demanda de renovaciones energéticas sigue siendo un obstáculo para alcanzar sus objetivos de energía limpia y eficiencia energética.  Además, en España, las deducciones fiscales por obras de rehabilitación energética se han prorrogado hasta 2027, lo que puede suponer una oportunidad para mejorar la vivienda, ganar confort y reducir el gasto energético mensual.

6. Valora el autoconsumo y las comunidades energéticas

El autoconsumo es otra de las vías que Europa está impulsando para que los hogares tengan un papel más activo en la transición energética. Según la Comisión Europea, los hogares que producen y consumen su propia energía solar pueden lograr ahorros anuales estimados de entre 260 y 550 euros, mientras que las comunidades energéticas con una combinación de solar y eólica podrían alcanzar ahorros superiores.  

No todas las viviendas tienen las mismas posibilidades, pero cada vez existen más opciones: instalaciones individuales, autoconsumo colectivo en comunidades de propietarios o participación en comunidades energéticas locales.

7. Haz un plan de ahorro energético en casa

Ahorrar energía funciona mejor cuando deja de ser una intención y se convierte en un pequeño plan doméstico.
Puedes empezar con tres preguntas sencillas:
  • ¿Dónde consume más mi casa? Calefacción, aire acondicionado, agua caliente, electrodomésticos o iluminación.
  • ¿Qué puedo cambiar sin hacer obra? Temperatura, ventilación, uso de electrodomésticos, iluminación o revisión de tarifas.
  • ¿Qué mejoras puedo valorar a medio plazo? Aislamiento, ventanas, sistemas más eficientes, autoconsumo o rehabilitación energética.
La clave está en avanzar paso a paso. No todas las medidas requieren grandes inversiones, pero todas suman.

En un contexto internacional marcado por la incertidumbre, ahorrar energía en casa es una forma concreta de proteger nuestro presupuesto doméstico. Pero también es una manera de cuidar la vivienda, mejorar el confort y contribuir a un modelo energético más sostenible. Porque la energía que usamos cada día importa. Importa en la factura, en el bienestar de quienes viven en casa y en la forma en la que preparamos nuestros hogares para el futuro.
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